Ramón Sampedro, el hombre tetrapléjico que quiso morir dignamente, me recuerda a mi Abuela que se murió de cáncer hace 10 años. Ella tenía 88 años y siempre era una mujer fuerte. Crió ocho hijos y sobrevivió el muerte de su marido y pareja de alma. Mi abuela siempre me decía que la vida es corte y que tengo que agradecer lo que yo tengo. Ella siempre quiso vivir sola sin ayuda. Era muy independiente.
Cuando descubrieron que tenía cáncer, todo paso muy rápido. En un día mi abuela, la viejita fuerte que yo conocía que siempre me contaba historias y me aconsejaba, estaba en una cama inmóvil como si estaba durmiendo. Una semana pasó y ella no se despertaba pero gritaba en su sueño hasta final día que se levanto para ir al baño. Ella sabía que ya llegó su tiempo y quiso morir dignamente.
Yo vi mi abuela sufrir por una semana. No me puedo imaginar cómo sería se era por más de 20 años. Es un poquito egoísta en querer que alguien que está sufriendo y que le cuesta a vivir que sigue viviendo porque te va doler mucho cuando se mueren. Ramón nos ensena que la vida no es una obligación, es un derecho.
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